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Como te comenté en mi artículo anterior y según las posiciones astrológicas son tiempos de maduración y responsabilidad personal… Así que hoy te escribo para hablarte del sufrimiento y cuál es el enfoque que utilizo en las sesiones de coaching.

Únicamente sufrimos cuando creemos en un pensamiento que está en desacuerdo con lo que es, la realidad.

«Si quieres que la realidad sea diferente a lo que es, intenta enseñarle a ladrar a un gato. Puedes intentarlo una y otra vez, y al final, el gato te mirará y volverá a decir ¡Miau! » Bryon Katie

 

 

¿Sabes porqué sufrimos?

Sufrimos porque queremos que la realidad sea diferente de cómo es y ese es un deseo imposible de satisfacer!

Como me gusta ser práctica voy a poner ejemplos de pensamientos que tenemos todos a diario y que si te fijas atentamente te encontrarás discutiendo con la realidad:

“Fulanito debería ser más considerado ”, “Mi marido debería estar de acuerdo conmigo”, ”Mis padres deberían comprenderme”, “Mi amigo tendría que responderme más rápido por whats app”, “Menganita debería ser más agradecida”, “Fulanita debería aprender a escuchar más”, “Menganito debería haberme llamado”, “lo que ha pasado hoy no debía haber pasado”, etc, etc etc…

Con esto no quiero decir que las personas nos convirtamos en pasivas y sin deseo de actuar ni mucho menos. Pero sí es importante darnos cuenta de los pensamientos que nos hacen sufrir y las emociones que surgen de ellos manifestándose en nuestro cuerpo.

Vivimos peleándonos con la realidad y lo hacemos sin darnos cuenta ya que es un mecanismo natural en todos nosotros, la mente es así y ¡estamos educados para ello!

En las sesiones utilizo un método llamado The Work que consiste en hacer unas preguntas básicas y unas inversiones. Y te aseguro que con esta técnica tan sencilla logras restaurar la paz en tu interior cada vez que te descubres peleando con lo que está sucediendo. No estoy vendiéndote una técnica milagro, sinó una técnica que puedes practicar cada vez que lo necesites, una herramienta que te ayuda a conocerte y a volver a ti cada vez que te has alejado. Nos pasa a diario, a todos, una y otra vez.

Hay dos maneras de trabajar con pensamientos y creencias:

  1. Rechazar aquello que pienso y que sé que me daña. Esto me lleva a una lucha incansable conmigo misma: puedo hacer mil y una cosas intentando evitar pensar lo que pienso: meditar, leer, hacer yoga, quedar con amigos… llevar a cabo mil tareas con tal de distraerme para no sentir lo que siento… Si te fijas, aquí existe una gran lucha interna y siempre vuelvo al mismo punto, al sufrimiento. (no estoy diciendo que estas actividades no sean beneficiosas sino que ¿desde dónde las hago?).

  2. Trabajar, ahondar en aquellos pensamientos y creencias que me dañan, sin rechazarlos. Ahondando bien en ellos y sintiendo como se manifiestan en mi cuerpo, comprendiéndome y abrazándome. Observa que aquí no hay lucha. Una vez vistos y aceptados, los vamos a cuestionar (preguntas e inversiones) y a través de tu propia experiencia corporal de vas a dar cuenta que lo que te dices no es tan cierto como creías y tu cuerpo es el primero en evidenciarlo.

A la vez, en las sesiones, partimos de tres cuestiones básicas:

Existen tres tipos de asuntos:

  • Los míos

  • Los tuyos

  • Y los de Dios o de la Vida.

Para ocuparnos de nuestros propios asuntos es importante antes aprender a discernir cuales son. Y saber que mientras estamos ocupándonos de los asuntos del otro o de los asuntos de la vida ¿quién se está ocupando de los míos?

Veamos ejemplos prácticos:

“Mi madre debería comprenderme” Observa como te sientes al pensar esto. Y pregúntate ¿De quién es el asunto? Con sinceridad, al decir esto pretendo que mi madre cambie (sigo peleando con la realidad). Que ella sea comprensiva o no, es su asunto. Mi asunto es cómo reacciono ante este hecho, lo que me digo sobre ello, como lo vivo, lo que me hace sentir y lo que hago con ello. Seguramente al querer cambiar a tu madre para que sea más comprensiva, te sientes sola y triste, estás sufriendo. Un apunte importante: Mientras me digo que ella no me comprende ¿Yo comprendo a mi madre? ¿Me comprendo a mí misma? ¿A mí misma me regalo comprensión? Esto sí que es asunto mío.

“Mi pareja me engañó” ¿De quién ese el asunto? Él me engañó, es su asunto. Puedo discutir y decirme mil cosas sobre lo que creo que debería haber ocurrido o no, sobre cómo él debe o no ser y lo que él debería o no haber hecho… pero.. ¿eso cambiará lo que pasó?  ¿Cuál es mi asunto? Mi asunto es de lo que me puedo yo ocupar y está en mis manos hacerlo, es decir, ¿qué estoy haciendo yo conmigo misma mientras me digo que él me engañó? ¿Qué me digo y cómo me siento?¿Cómo me estoy tratando mientras pienso que él me engañó?  Por mucho que sufra no podré cambiar lo que pasó… el gato seguirá diciendo ¡Miau!

Y… Mientras me estoy ocupando de los asuntos de los otros… de los asuntos de la vida… ¿Quién se ocupa de mí?

Comprender esto desde la mente, es bastante fácil, pero a la hora de la verdad, en la vida cotidiana, no lo es tanto. Requiere de un trabajo, un entrenamiento y responsabilidad personal. También requiere de una alta dosis de sinceridad, aceptación, comprensión y amor por una misma y esas son cosas que justamente… si indagamos en ello con sinceridad y gran honestidad…estamos buscando incansablemente en el exterior. 

Para mí y enlazándolo con mi gran pasión, la astrología psicológica, esta es una parte importante del viaje evolutivo de la Luna al Sol, es decir, de la maduración personal necesaria para cada vez ser más tú, más auténtica y sintiéndote más realizada y empoderada.

 

 

 

Judit Sanjuan

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